Sobre la importancia de imprimir

Artículo por Fernando Rodríguez

En este artículo escribiré acerca de imprimir como un paso más del flujo de trabajo fotográfico. Explicaré, a grandes rasgos, por dónde empezar y cómo lo hago yo. Al final ofreceré enlaces que puedan ser de interés para seguir profundizando.

Llevo más de un año imprimiendo de manera regular en casa (todas las semanas) y más de diez encargando impresiones de manera irregular a laboratorios. Al final del artículo dejaré enlaces de interés relacionados con cursos que he hecho o canales de youtube que sigo relacionados con la impresión. 

Espero que la lectura despierte la curiosidad en lo que, considero, es un paso necesario.

¿Por qué imprimir?

Desde un punto de vista práctico, y en un primer análisis con poca reflexión, imprimir no es algo necesario hoy en día. Vivimos en un mundo totalmente digital. La realidad es que podemos sacar multitud de fotos con nuestros teléfonos móviles y guardarlas y distribuirlas desde ellos. Y con las cámaras digitales pasa casi lo mismo.

Sin embargo, tanto para la persona que ve la fotografía como una forma de capturar recuerdos como para la que la utiliza como un medio en el que plasmar un trabajo, imprimir, tener la imagen de manera física, es algo que no debería ignorarse.

Cuando usamos la fotografía desde un punto de vista sentimental, para guardar recuerdos, la imagen impresa es un complemento a un respaldo digital y una magnífica herramienta de selección de lo importante. La fotografía, en este caso, puede convertirse, de forma general, en fotos sueltas impresas o álbumes de recuerdos con varias fotos impresas agrupadas. Al ser una representación física las fotos se hallarán mucho más presentes para ser miradas y recordadas. Es más fácil olvidar algo que no ocupa un espacio físico que algo que está presente de una manera u otra en nuestro entorno.

Vivimos en una época en la que los recuerdos en formato digital acaban convirtiéndose en documentos de solo escritura, es decir, en fotografías que en muchas ocasiones se hacen y jamás se vuelven a ver. Tal es la cantidad de imágenes que generamos. Y los dispositivos no tienen almacenamiento infinito. Tan pronto deja de existir espacio las fotografías más antiguas quedan solo como referencias y se alojan en algún lugar de la llamada nube (en algún disco duro de algún servidor - equipo informático - de alguna empresa) lejos de nuestro dispositivo y control.

Confiar solo en almacenamientos digitales es un riesgo. Ningún almacenamiento digital (ni discos duros, ni dispositivos móviles, ni espacios gratuitos o de pago en la nube) garantizan que los recuerdos estén a salvo y accesibles por siempre. Y mucho menos que puedan darse como legado de manera práctica.

Cuando usamos la fotografía como un medio para realizar un trabajo fotográfico disponer de la fotografía impresa es, de nuevo, fundamental. Vital diría yo. No solo por todo lo anteriormente citado en referencia a las fotos como recuerdo, sino para, precisamente, poder generar el cuerpo de trabajo. Imprimir nos ayuda a seleccionar lo que de verdad nos interesa. Quedarnos con lo que es importante. Pararnos a reflexionar sobre lo que estamos haciendo. 

Una fotografía que no está impresa no existe. No tiene presencia. Es un fantasma digital en el corto - medio plazo.

Este artículo no defiende, como es lógico, tener las fotografías solo impresas sino que imprimamos lo que es significativo, si son recuerdos, y todo lo que sea candidato de formar parte de un cuerpo de trabajo para, precisamente, poder cerrarlo. Incluir la impresión en nuestro flujo de trabajo porque tiene sentido y entendemos por qué lo tiene.

A partir de aquí me centraré en la impresión de fotografías ligadas a un cuerpo de trabajo. Una obra. Dejaré de hablar de las mismas como un elemento sentimental o de recuerdo. En cualquier caso me gustaría añadir que ese tipo de fotografías, las de recuerdo, son a las que más atención hay que prestar pues, a parte de la enorme importancia que tienen en lo personal, suelen crecen rápidamente en cantidad dependiendo del contexto familiar o personal. Si no revisamos lo que vamos atesorando corremos el riesgo de que, llegado el momento, no nos veamos con el ánimo de hacerlo. En ese instante todos nuestros recuerdos digitales estarán en un cajón desastre infinito.

¿Qué y cuándo imprimir? 

Considero que imprimir forma parte de un flujo de trabajo normal. Al menos debería de ser algo a considerar conscientemente. Tanto si se elige imprimir como si no hemos meditado y tomado una decisión.

En mi archivo una fotografía puede estar en cinco estados: foto sin interés aparente (sin etiqueta), foto candidata (etiqueta amarilla), foto procesada (etiqueta verde), foto impresa (etiqueta azul) y foto terminada (fotos con etiqueta verde exportadas a la carpeta donde alojo los masters de cada fotografía).

De forma general considero que tengo una fotografía acabada cuando ésta ha sido impresa y la he podido sostener y mirar fuera de una pantalla durante algún tiempo y, además, me gusta y me reconozco en ella. Una fotografía impresa puede que nunca llegue a estar terminada debido a que al verla en papel no me acabe de convencer. 

Lo que sucede con la impresión, al menos en mi experiencia, es que fotografías que no funcionan en digital pueden funcionar impresas pero fotografías que no funcionan impresas no lo hacen en digital. Si la fotografía impresa no me acaba de convencer tampoco lo hará en digital. Es una foto que necesita más tiempo, otro procesado tal vez, o que simplemente es una foto “palanca”: una foto que me acabará llevando a otra que es la que realmente estoy buscando.

El estado de candidatas es un lugar por donde pasan todas mis fotografías antes de ser consideradas para procesar. Ninguna es procesada sin haber estado allí. Hay fotografías que pasan años como candidatas antes de salir y otras que apenas necesitan unas horas. Pero todas están o han estado allí. Como anécdota diré que durante la creación de mi fotolibro “Hidden Reality” un porcentaje interesante de fotografías candidatas aparecieron en él al ser revisadas por otras personas.

Así pues, en mi opinión, hay que imprimir todo aquello que consideramos que puede ser válido. ¡Ojo con el puede! Solo en la impresión, en mi caso, acabo de tomar la decisión definitiva sobre si esa fotografía la considero como algo acabado.

Etiquetas para organizar archivo fotográfico

Ejemplos aleatorios de mi archivo. Las dos primeras miniaturas de una foto procesada para master y para impresión. A la derecha, etiqueta amarilla, una fotografía candidata pero no procesada.

¿Cómo imprimir? 

Hay dos opciones claras: acudir a un laboratorio y/o bien tener una impresora fotográfica en casa. Además añadiría que hay que pensar también en el contexto de esa fotografía que vamos a imprimir: ¿es una fotografía que queremos imprimir suelta? ¿para validarla? ¿o es, sin embargo, una fotografía candidata para la construcción de cuerpo de trabajo (búsqueda de identidad fotográfica, fotolibro, serie, secuencia, …)? En el siguiente apartado volveré sobre estas importantes preguntas.

Desde el punto de vista práctico, y siempre que nos lo podamos permitir en tiempo y dinero, lo ideal es tener una impresora fotográfica en casa. No hace falta que tengamos el último modelo o una máquina súper profesional. Bastaría una impresora fotográfica decente. Algo que nos permita ver y tocar el trabajo que hemos generado y, muy importante, que se adecue al volumen de impresiones que vamos a producir. 

Tener la impresora fotográfica nos dará mucha mayor libertad a la hora de cerrar un flujo de trabajo y poder revisar todo lo que vamos haciendo. Pero tener una impresora fotográfica requiere un compromiso: el coste de las tintas, los papeles, el tiempo para imprimir regularmente y otras inversiones que pasan desapercibidas relacionadas con actualizaciones necesarias del equipo y que hay que hacer antes de nada. 

Una impresora fotográfica que no se usa habitualmente gasta mucha más tinta que usándose. Al pasar tiempo sin  imprimir el sistema tendrá que hacer mantenimiento agitando y gastando tinta en el proceso y, lo que es peor, depositándola en una bandeja con esponja que como acabe estando muy empapada tendrá que reemplazarse. Así que es un pensamiento y planteamiento erróneo comprar una impresora pensando que se usará poco para ahorrar en tinta pues en realidad se gastará mucho más en cada ciclo de mantenimiento.

Bajo mi punto de vista lo ideal es tener una impresora fotográfica en casa, sí, pero habiéndonos comprometido a usarla. Se tiene que pensar sobre el costo en tinta, en papeles, tiempo que se va a dedicar a imprimir de manera regular y el volumen de fotos que hacemos al mes. Y todo el proceso de investigación necesario, claro. También en los gastos adicionales importantes relacionados con un monitor adecuado (que trabaje con el espacio de color Adobe RGB), un colorímetro para calibrarlo regularmente y una fuente de luz para poder observar correctamente las impresiones realizadas. Volveré a todo esto más adelante.

Si nos comprometemos a tener la impresora será un gran aliado para avanzar en nuestra fotografía pero necesitará esa inversión inicial y contínua. Si no nos podemos comprometer no pasa nada. Podemos examinar la vía de trabajar con laboratorios que es totalmente válida, interesante y complementaria a tener una impresora (ciertos trabajos querremos / tendremos que imprimirlos en laboratorio aunque dispongamos impresora).

Trabajar con un laboratorio supone que pasado un tiempo, el que cada cual estime oportuno, se mandarán a imprimir las fotografías procesadas. 

Tanto si se imprime en casa como si se hace con un laboratorio es muy importante conocer los entresijos de la impresión a un nivel básico pero sólido: cómo preparar un archivo para imprimir, los perfiles y espacios de de color, tipos de papel disponibles, dimensiones, etc. 

Disponer de un monitor adecuado (que acepte espacio de color Adobe RGB) y un colorímetro seguirá siendo altamente recomendable aunque vayamos a imprimir con laboratorio. De lo contrario no podremos preparar correctamente las fotos que mandemos a imprimir. No se puede preparar una fotografía para imprimir correctamente sin un monitor perfilado y / o cuyo espacio de color es muy limitado. Me explico: ¿se puede preparar para imprimir sin un monitor adecuado y perfilado? Sí. ¿Se hará esta preparación de forma correcta? No.

Otra cosa es ignorar todos estos temas y dejar todo en manos del laboratorio, que si es bueno y de confianza hará un buen trabajo pero, claro, no se habrá tenido el control de lo que realmente se va a producir y seguramente el resultado no sea el esperado.

Tener la posibilidad de imprimir en la era digital es como acudir al cuarto oscuro en la analógica. Incluso al fotografiar en analógico es un paso necesario si el trabajo es enviado por el laboratorio escaneado.

Como conclusión: lo importante es imprimir lo que vamos creando y terminando. Ya sea en casa o con un laboratorio externo de confianza.

Tu baraja de fotos

Si el fin es imprimir para archivar el trabajo sin duda hay que ir con una impresora de calidad fotográfica. Si se trata de una impresión en el contexto de desarrollo de un trabajo o de una búsqueda disponemos de otra vía en la que justificar la impresión pero de una manera mucho más sencilla y económica.

Una práctica muy interesante e importante para cualquier persona que esté en la búsqueda de una identidad fotográfica o en el desarrollo de un cuerpo de trabajo consiste en imprimir las fotografías candidatas a un tamaño pequeño y con calidad baja. En calidad de fotocopia. ¡Sí, como se lee! Una pila bien grande con todas las fotografías procesadas de nuestro archivo y/o que son candidatas a procesar para un cuerpo de trabajo. 

Basta con abrir un procesador de textos y crear una tabla en la que ir poniendo fotografías a una dimensión reducida. Podemos luego mandar este documento a imprimir a una impresora de oficina o a algún servicio online de ofimática. Es muy sencillo. Calidad baja. No importan los detalles, solo que se entienda de qué fotografía se trata. Cuando se tenga listo basta con recortar las fotos y crear una baraja, una pila, de fotografías.

Con la baraja de cartas vamos a poder trabajar en multitud de conceptos como seleccionar y secuenciar imágenes. Extenderlas sobre una mesa, el suelo o la pared, etc. Así es como se suele trabajar para crear trabajos fotográficos y es muy buena idea la baraja de fotos a medida que pasa el tiempo. Si se está creando un trabajo fotográfico se ha de jugar con las imágenes y este es un método ampliamente utilizado.

Ejemplo de una baraja de fotos. Calidad de prueba.

Una visión técnica global

Salvo que se quiera crear la baraja de fotografías que comentaba anteriormente, carente de calidad alguna, se tendrá que tener unos conocimientos generales de los factores que intervienen en el proceso de impresión. 

Este apartado no pretende ser un curso, ni mucho menos, sino una guía muy ligera. Una introducción de los elementos clave a tener en cuenta.

Equipo necesario

Aquí revisaré lo que creo que es esencial para poder imprimir con garantías tanto si se hace en casa como si se encarga a un laboratorio de impresión.

Monitor que trabaje con un espacio de color Adobe RGB

Hay varios espacios de color de imágen para trabajar y ver las fotografías o cualquier contenido gráfico en una pantalla. Un espacio de color es un sistema de interpretación que traduce los colores de una imagen a cómo estos serán representados en el soporte que ese espacio de color representa. 

Me explico. No se ve igual una foto en pantalla que en un papel. Para poder ver en pantalla cómo quedará la foto en el papel en el que vamos a imprimir, el fabricante del papel pone a disposición el espacio de color de dicho papel. Al seleccionarlo veremos en pantalla una simulación de cómo se verá la fotografía cuando sea impresa en ese papel en concreto.

El espacio más común para ver imágenes en una pantalla es el sRGB (ojo a la s inicial). Este espacio de color es un espacio de color reducido pero una garantía de que cualquier pantalla podrá soportarlo. Por eso es el espacio en el que las imágenes web, por ejemplo, son exportadas. 

El espacio de color más adecuado para imprimir tus fotografías es el Adobe RGB. Un espacio de color mucho más rico en colores y gamas que el anterior, el sRGB. No todos los monitores son capaces de trabajar con el espacio Adobe RGB. La inmensa mayoría se limita al espacio de color sRGB pues no están pensados para edición fotográfica.

A nosotros nos interesa tener un monitor con el espacio de color más amplio. Uno que permita trabajar en Adobe RGB. Eso nos garantizará que lo que se está procesando será lo más parecido posible a lo que veremos después en el papel. Una fotografía en Adobe RGB tiene un rango mucho más rico de colores que uno en sRGB.

Así pues, lo primero, es hacerse con un monitor que acepte trabajar en un espacio de color Adobe RGB. Marcas como Benq, Viewsonic, Eizo, Nec y otras tienen muy buenos monitores en este rango y de diferentes precios pero, eso sí, más caros que un monitor que solo acepte espacio sRGB.

Un colorímetro para calibrar el monitor

El siguiente y fundamental accesorio tras el monitor es un colorímetro para calibrarlo. Calibrar un monitor es ajustar, a grandes rasgos, la temperatura del color, el brillo y contraste a la luz ambiente en la que usualmente se procesan las fotografías. Normalmente los monitores no calibrados trabajan con un brillo muy elevado que, además, con el tiempo, va cambiando. Por eso hay que calibrar cada mes o mes y medio aproximadamente.

Una fotografía procesada en un monitor sin calibrar no va a tener el resultado deseado una vez se imprima la imagen porque lo que veremos en pantalla, aún eligiendo el perfil del papel adecuado, no nos dará la simulación correcta. Este punto es esencial. 

Tan importante es tener calibrado el monitor que en caso de no poder hacer la inversión en un monitor Adobe RGB quizás sea más recomendable comprar antes un colorímetro y calibrar el monitor sRGB.

Conviene hacer la calibración cada mes aproximadamente. También con el monitor encendido previamente durante al menos media hora de tiempo. En un entorno de luz con el que se vaya a trabajar procesando y viendo las fotografías en pantalla. Este entorno de luz debería de ser de poca iluminación y, en todo caso, iluminado con lámparas entre los 5000ºk - 5500ºk.

La empresa X-Rite es la más conocida a este respecto. Se puede encontrar información de los diferentes modelos visitando su web. 

Colorimetro de la marca X-Rite

Este es el colorimetro que utilizo yo para calibrar mi monitor.

Software de procesado de imágenes adecuado

Poco que añadir en este apartado. Necesitamos un software que nos permita trabajar en los archivos RAW de nuestra cámara. Siempre RAW pues nos interesa tener la mayor cantidad de información para poder hacer los ajustes en el espacio de color Adobe RGB. 

Además el software de edición nos tiene que permitir poder cambiar, antes de exportar el resultado final de impresión, al perfil del papel de fotografía. Al igual que hay perfiles sRGB y Adobe RGB, tal y como he comentado, hay muchísimos otros perfiles y, entre ellos, los que representan cómo se ven los colores en un papel determinado. 

Si trabajamos con un laboratorio de impresión externo hemos de tener la posibilidad de que nos suministren el perfil del papel donde se imprimirá nuestra imagen. En muchos laboratorios externos permiten descargar dicho perfil desde su propia página web. Lo instalamos en nuestro sistema y, a continuación, bastará con elegirlo desde el software de edición. 

Siempre se cambiará al perfil del papel en cuestión antes de enviar la fotografía a imprimir. Ahí veremos cómo es posible que el papel no sea capaz de llegar a todo el espacio Adobe RGB y tendremos que ajustar de nuevo para evitar que se pierda información en las sombras y/o en las altas luces. O bien ajustar los colores pues dependiendo del tipo de papel éstos pueden variar al no estar dentro de la gama que acepta el papel.

En caso de imprimir en casa tendremos que ir a la web del fabricante del papel y descargarnos el perfil de color e instalarlo en nuestro ordenador. Los fabricantes de papel más reconocidos tienen información sobre cómo realizar este proceso así como todo lo referente a las recomendaciones de impresión. Volveré sobre los papeles más adelante en el artículo.

Finalmente el software de procesado nos debería de poder dejar exportar a las dimensiones (en centímetros o pulgadas) y resolución (en puntos por pulgada - ppp) adecuadas. El concepto de resolución de una imagen es crucial para entender lo que se está haciendo y hacerlo bien (este artículo no es un curso de impresión y no me detendré aquí pero recalco la importancia de entender esto y también que es uno de los conceptos sobre impresión que más cuesta de comprender al principio). 

En caso de ir con un laboratorio externo hay que preguntar a qué valor de resolución exportar las imágenes (ppp). Si se imprime en casa hay que saber cuál es la resolución de nuestra impresora para encontrar la relación de ppp que nos interese. En ambos casos el valor ppp estará relacionado con el tamaño físico de la impresión (más grande, a partir de cierto límite, menor ppp será necesario y viceversa) y la propia resolución máxima de la impresora que dispongamos. 

Una lámpara led que trabaje a 5000ºk para evaluar la impresión

Cuando tengamos entre nuestras manos una impresión muchas veces nos llevaremos a engaño al pensar que está mal impresa. Para poder evaluar correctamente una impresión la hemos de observar con la luz adecuada, que es de 5000ºk. Con esa temperatura de color, temperatura a la que deberíamos de haber calibrado aproximadamente el monitor, es con la que veremos si la impresión se parece a lo que tenemos en pantalla.

Cualquier lámpara led que soporte esa temperatura nos valdrá y no tiene por qué tener un coste elevado. 

En caso de imprimir en casa

En caso de imprimir en casa necesitaremos tanto la impresora, como es obvio, como los consumibles. De este apartado sí es cierto que lo referente a los papeles es algo que también debemos de tener en cuenta si vamos con un laboratorio externo si bien no lo he incluido en el apartado anterior pues normalmente un buen laboratorio nos guiará y orientará sobre qué papel utilizar para el tipo de fotografía que queremos imprimir.

Una impresora fotográfica

Básico. Si queremos imprimir en casa necesitamos una impresora. Las tres grandes compañías que fabrican impresoras fotográficas hoy en día son Epson, HP y Canon. Así que se trata de elegir una impresora de alguna de estas marcas. Lo que tendremos que tener en cuenta es hasta qué tamaño de impresión pueden llegar y la cantidad, capacidad y tipo de cartuchos de tinta que usa.

Si pensamos en el tamaño al que puede llegar la impresora hemos de reflexionar sobre qué vamos a necesitar. ¿Impresiones de tamaño A2? ¿A3? ¿A4? ¿Tal vez mucho mayores? ¿O, tal vez, mucho menores? Las impresoras de sobremesa llegan hasta un tamaño A2 mientras que ir más allá requerirá una impresora que trabaje con rollos de papel. Hemos de pensar y ser realistas sobre lo que queremos. Siempre se puede acudir a laboratorio externo para impresiones más grandes o exigentes. No pasa nada.

Luego está el tema de los cartuchos de tinta. Muy importante. 

Cuantos más cartuchos de tinta diferente tenga la impresora mejor. Es normal que una impresora fotográfica profesional o semiprofesional tenga más de ocho cartuchos de tinta. Además es doblemente importante que si se realiza impresión en blanco y negro de manera intensiva se cuente con un cartucho especial para el negro mate. 

Otro tema trascendente es la capacidad de los cartuchos. Los cartuchos de tamaño más elevado tienen un coste superior sin embargo, si se va a imprimir de manera habitual supondrán un ahorro importante. Todo este tipo de cuestiones hay que pensarlas y sopesarlas a la hora de adquirir la impresora. 

Sobre el tipo, sí o sí deberíamos de ir a por una impresora que trabaje con tinta pigmentada. Es la tinta usada en las impresoras fotográficas profesionales y semiprofesionales. 

En general, tal y como comentaba al comienzo del artículo, tener una impresora fotográfica supone un compromiso de uso. Una impresora de producción esperará ser usada de manera muy habitual durante la semana (al menos una vez al día). Una impresora semiprofesional esperará ser usada también semanalmente aunque no sea de forma tan intensiva. No comprometerse con esto supondrá que cuando encendamos la máquina ésta entre en costosos ciclos de mantenimiento. Una forma de aliviar este problema es imprimir una simple página de prueba habitualmente a fin de que los cabezales se mantengan limpios y listos. Si se hacen fotos de manera habitual siempre habrá algo que imprimir. Eso sin contar con todo el archivo acumulado.

Todo esto suena como una condena o un trabajo pero una vez que miras a tu impresora como un elemento activo más de tu flujo habitual y ganas práctica no es tal problema. En mi caso alterno la impresión de fotografías de trabajo de autoría con la de recuerdos, más sencillas y en las que lo que más me importa es tener ese recuerdo físicamente. En este último caso la combinación móvil e impresora hace que con el software adecuado el combo sea casi como tener una cámara instantánea.

Añadir finalmente que tener una impresora en casa abre un camino de infinitas posibilidades en lo creativo pues a parte de imprimir las fotografías se pueden construir libros o maquetas también. La impresora es una herramienta más.

Canon ImagePROGRAF PRO-300

Esta es la impresora que tengo actualmente y utilizo. Una Canon ImagePROGRAF PRO-300.

Papeles

El mundo del papel es un campo que casi no tiene fin. Es fácil verse desbordado y perderse en él. Además de que para dominarlo hay que tener acceso a toda la gama de cada marca existente y eso no está al alcance de cualquiera.

Podemos decir de una manera extremadamente general que hay papeles brillo y mate. Los papeles brillo resaltan los colores pero como contrapartida la luz se refleja en los mismos y dependiendo de dónde te coloques podrás o no ver la imagen. Los papeles mate, por contra, son más cálidos y agradables al tacto. Apagan la saturación de las fotografías y no reflejan los colores. Entremedias tenemos los papeles satinados o semibrillantes.

Qué papel elegir es un tema personal. Sencillo quizás si lo que se quiere es únicamente imprimir fotografías de recuerdo normales. En este caso un buen papel brillante o semibrillante puede ser la opción estándar y válida. Sin embargo en caso de imprimir obra artística o de autor la cosa se complica mucho más pues cada estilo fotográfico va ligado a una elección de papel.

Lo normal es quedarse con dos o tres papeles de cabecera y ceñirse a los mismos a la hora de representar el trabajo. Pero para ello hay que probarlos antes, claro. Tocarlos, ver cómo le sientan a tu trabajo. Las grandes marcas de papeles de impresión ponen a disposición packs de muestra que por un precio asequible permiten experimentar en casa con su gama. Algunos laboratorios también permiten comprar muestras de papel con una misma foto impresa.

Las marcas de papel fine art más importantes y conocidas son Hahnemühle y Canson. Pero hay muchas otras. De hecho las propias empresas que fabrican impresoras tienen su línea de papel fineart. Personalmente recomiendo visitar la web de los fabricantes anteriores y adquirir packs de muestra. Allí, además de información de la gama, se encontrarán instrucciones sobre cómo imprimir en cada tipo de papel elegido.

Packs de muestra de la marca Canson y Hahnemühle

Packs de muestra de la marca Canson y Hahnemühle.

Conclusiones

Este pequeño artículo es solo una introducción al mundo de la impresión. Imprimir es un paso que pienso debería de formar parte del flujo de trabajo fotográfico. No importa si éste se realiza al cabo del tiempo con un laboratorio externo o de forma más habitual en casa con impresora propia. Lo importante es ser consciente de su enorme importancia. 

No hace falta empezar ambicioso, solo el hecho de ir construyendo la baraja fotográfica propia ya es un paso fundamental y comprometido en pos de mejorar. De encontrar sentido al camino que vamos recorriendo para intentar resolver importantes preguntas como ¿qué fotografiamos? ¿qué buscamos con nuestra mirada? ¿qué queremos contar? Una baraja fotográfica propia será una herramienta diría que imprescindible.

Si se quiere ir adelante con la impresión e incluirla dentro del flujo de trabajo recomiendo familiarizarse con los conceptos y comprender por qué es necesario adquirir un equipo adecuado antes de hacer ningún gasto. Sobre todo si de una impresora se trata pues una impresora profesional o semiprofesional exigirá uso y recursos. Los consumibles de impresión cuestan al igual que cuesta dinero mandar a imprimir las fotos a un laboratorio. En el medio - largo plazo ir con un laboratorio de manera habitual será un costo mucho mayor en dinero.

La pregunta es quizás ¿hasta dónde se quiere llegar con la fotografía? ¿El archivo fotográfico está seguro guardándose únicamente de forma digital? ¿Los recuerdos más valiosos son impresos para que queden como legado tangible?

Referencias

Curso de Jose Quintanilla.

https://lamaquina.es/cursos/curso-online-de-la-camara-al-papel-impresion-de-alta-calidad/

La creación del fotolibro Infinito de David Jimenez y cómo juega con su baraja de fotos.

https://youtu.be/RZef7iHzyPE 

Canal youtube de Jose Rodríguez (inglés)  

https://www.youtube.com/user/cheo1949/video 

Canal youtube de Keith Cooper (inglés)

https://www.youtube.com/c/KeithCooper/featured 

Flujo de trabajo de Thomas Heaton (inglés)

https://www.youtube.com/watch?v=oSmISUQF4Vs